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Luria trabajó hasta el
final de su vida, en
1977, y durante los
postreros años de ésta
realizó estudios en los
que recuperaba la visión
ideográfica y
nomotética, es decir,
personalizada, que le
atrajo en los primeros
años de su vida y que le
llevó a interesarse por
el psicoanálisis. Tal
ideario hallaba sus
referentes en las
clásicas descripciones
realizadas por los
grandes médicos (Jacques Lordat, Armand Trousseau,
Pierre Marie, Jean-Martin
Charcot, Carl Wernicke,
Serguei Sergeevich
Korsakov [Сергей
Сергеевич Корсаков],
Henry Head, Adolf Meyer)
durante el siglo XIX,
cuando no existían los
métodos de laboratorio
auxiliares (p.154 op.cit.).
Mediante esta
aproximación,
considerada por él como
ciencia romántica por
huir de la reducción de
los hechos concretos a
meros conceptos
abstractos, ignorando el
todo vivo, pretendía
recuperar la importancia
de la observación y la
descripción clínica:
“No pretendo negar ni
menospreciar el papel de
las ayudas
instrumentales en
medicina. Pero tiendo a
rechazar intensamente la
situación en la que
todos estos medios
auxiliares se convierten
en decisivos,
invirtiéndose papel de
servidores del
pensamiento clínico, de
modo que éste sigue los
datos instrumentales
como un esclavo a su
amo.” (Luria, 1979,
p.155)
Escribió varios libros
en los que se ocupaba de
describir con gran
detalle los rasgos
personales de una única
persona desde un punto
de vista psicológico.
Así, surgieron los
títulos La mente de un mnemonista (El pequeño
libro de una gran
memoria: Маленькая
книжка о большой памяти)
y El hombre con su mundo
destrozado, publicados
en 1968 y 1972
respectivamente.

Luria AR. El pequeño
libro de una gran
memoria
Madrid: Taller de
ediciones, 1973.
En “Pequeño libro de una
gran memoria” describía
a un hombre dotado de
una memoria prodigiosa y
famoso en su tiempo, S.V.
Shereshevski, aportando
un análisis de ésta y de
cómo influenciaba tal
cualidad su pensamiento,
conducta y personalidad.

A.R. Luria con el
paciente Zasetsky,
objeto de su libro “El
Hombre con su mundo
destrozado (años 50).
Fuente: Web de Michel
Cole (con autorización).
En “El hombre con su
mundo destrozado”
(Edición española:
Buenos Aires: Granica Ed.,
1973) se ocupó no de una
cualidad sobresaliente,
sino de lo que él mismo
califica como un
desastre. Se trataba de
un hombre al cual un
proyectil había
lesionado gravemente el
cerebro, el lóbulo
parietal izquierdo, y
del que Luria había
seguido la evolución
durante más de treinta
años, relatando
finalmente su lucha por
rehabilitar lo perdido,
en el marco de un
intento de explicar
algunos hechos
psicológicos a la luz de
la neuropsicología.
La autobiografía
Luria expresa su deseo
de escribir más libros
desde el enfoque
romántico en su libro
Mirando hacia atrás,
destacando lo arduo de
tal empresa por la
dificultad en hallar
personas con rasgos tan
distintivos, y por el
hecho de requerir un
seguimiento de éstas
durante un largo periodo
de tiempo. Su muerte en
1977 le impidió consumar
tal deseo.
Mirando hacia atrás
(Edición rusa: Этапы
пройденного пути:
Научная автобиография.
Etapas de un camino
recorrido: autobiografía
científica), se publicó
en español en 1979. En
este libro, del cual se
han extraído gran parte
de las citas del
presente texto, se nos
muestra un Luria
apasionado por el
conocimiento y
comprometido con el
avance de la ciencia y
el desarrollo humano. En
el libro se entrecruzan
las descripciones y
motivaciones que
condujeron su trabajo
científico con
reflexiones acerca del
momento histórico que le
tocó vivir, y a pesar de
que el texto no
representa en modo
alguno una biografía
convencional, pues las
referencias a su vida
personal, debido
probablemente a su
carácter humilde, son
sólo las necesarias para
servir de hilo
narrativo, permite
entrever la actitud
vital además de la
científica de Alexandr
Romanovich Luria.

Luria AR. Mirando Hacia
atrás.
Madrid: Ediciones Norma,
1979
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