Introduccion: Luria y la «experiencia soviética»

 

Mi primer contacto con la obra de Luria tuvo lugar a finales de los 60 a través de la lectura de libros en los que aparecían capítulos escritos por este autor. Pero el descubrimiento de su importancia fue en los años 70 y 71, siendo estudiante de los primeros cursos de medicina.

Fue tal el impacto e interés suscitado por Luria y su escuela que decidí estudiar lengua rusa para poder leer de primera mano las aportaciones de este gran autor y, con un poco de suerte, visitar Moscú.

Me inscribí en los cursos de ruso de a Institució Cultural del CICF de Barcelona, en la Vía Augusta. Cuando ya tenía suficientes conocimientos de ruso, y ayudado por la profesora Lidia V. Evtushenko, me decidí a escribir a Luria.

Aunque ha pasado mucho tiempo, hay momentos en la vida que difícilmente se olvidan... recibir una carta manuscrita de Luria (1974), en la que me animaba a seguir en el ámbito de la neuropsicología, y anunciaba que me enviaría sus últimos libros, fue realmente emocionante.

La situación era difícil... La España de Franco no tenía relaciones normales con la Unión Soviética, en el pasaporte decía «Valido para todo el mundo», excepto para... la URSS, Albania... y otros países. La alternativa fue llegar a la URSS a través de un Instituto «di lingua e letteratura russa» de Roma y Milán, para completar los estudios de ruso en la Universidad Estatal «Lenin» de Minsk (República de Bielorrusia).

La estancia en Moscú me permitió, además de visitar la ciudad, visitar la Facultad de Psicología y realizar el encargo de Lluís Barraquer de entregar a Luria la edición de “Afasias, Apraxias, Agnosias”. Compré tantos libros... que no sabía como llevarlos... y no se me ocurrió otra cosa tan “ingenua” como enviármelos a mi domicilio. Aún conservo la balalaica que también ingenuamente llevé conmigo al regresar a Barcelona a través de Roma.

La “experiencia soviética” fue muy interesante, entre otras cosas para poner de manifiesto y vivir personalmente la situación de propaganda y de represión ejercida por el régimen comunista. Explicaría múltiples situaciones y anécdotas, pero no es el objetivo de estas líneas. Me llamó mucho la atención que en la fachada de la Universidad de Minsk hubiera unos enormes carteles en los que de decía “Gloria a la Ciencia Soviética”.

Leyendo a Elkhonon Goldberg (The end and a beginning: a dedication. En: “The Executive Brain”, Nueva York: Oxford University Press, 2001: 7-19) he acabado de entender la situación.

Los estudios realizados en Barcelona y el curso realmente intensivo de ruso de la Universidad Lenin me dieron unos conocimientos suficientes para poder traducir la obra “Fundamentos de Neurolingüística” (Основные проблемы нейролингвистики). A pesar de todo... tuve que usar mucho el diccionario... y me ayudó el Sr. Antonio Espejo. Conocí al Sr. Espejo por relativa casualidad en el Servicio de Neurología del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. Alguien me dijo que uno de los técnicos de electromedicina hablaba ruso porque era hijo de españoles que habían marchado a la URSS como consecuencia de la guerra civil.
 

Carta de A. R. Luria a Jordi Peña-Casanova (24-Agosto-1974)

 

   

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